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Se trata de Sororidad

Por Mabe Pucheta

En estos días, salió un video en el que dos niñas hermanas, peleaban porque una le sacó a
la otra la oportunidad de soplar la vela de su torta de cumpleaños, pero no es la primera vez
que estas cosas vienen a las redes sociales, lo vemos a menudo en la vida diaria.
Pero ¿qué hay detrás de esta intencionalidad constante de hacernos creer y hasta de
convencernos que las mujeres somos enemigas unas de las otras?


Cómo podemos comenzar a generar un cambio de paradigma cuando en las redes sociales
continuamente vemos mujeres denunciando a otra como “la puta que le robó el marido”, es
de continuo que vemos y hasta aportamos a que se hagan virales videos en que dos chicas
pelean por un varón…como si el premio fuera la concreción de todos los sueños supremos
de la mujer.

Desde siempre se han generado, a veces con una dudosa intencionalidad, competencia entre hermanas o primas dentro de una familia, creando el principio de la desconfianza en el
mismo género; así nos enseñaron que las mujeres no pueden ser tus amigas porque
traicionan, porque te dicen que una prenda te queda mal cuando te queda bien y viceversa
cuando el interés que tiene es que no luzcas mejor que ella ante el público, entendiendo
como tal al público masculino; entonces, ¿podemos o no ser amigas de otras mujeres?
¿Cómo elaboramos estrategias que quiten ese eje negativo a las relaciones entre las
mujeres desde las infancias?
¿Por qué les adultes “disfrutan” la difusión de estas situaciones de violencia entre las
mujeres?



Quizás todas esas interrogantes tienen respuesta en la educación, pero también en cada
una de nosotras, más que nada en las que estamos a cargo de la crianza de niñes. El
replanteo estructural de conceptos desde los cuales llegaríamos a conclusiones que nos
dejarán pensando en porqué ejercemos o somos parte de estas formas de agresión
intragénero.
Sería posible pensar para iniciar, un cambio en lo que vemos unas de otras, más allá de
normas, prejuicios y mandatos.
Convencernos que esas cosas que corren, incluso en los medios de difusión, no es tan
como lo manifiestan, que la sororidad es posible; cuanto mejor sería enseñar a las niñas
que pueden ser amigas de otras y que entre todas puedan protegerse de las agresiones
(incluso las sexuales) del patriarcado.
Aprender que la “competencia” entre nosotras es una estrategia impuesta para que no nos
unamos y que no hay pareja que merezca una pelea encarnizada contra la otra mujer
devenida en “rival”.
Aún recuerdo una frase machista que reza que “por cada hombre corresponden 7 mujeres”,
una información vieja, porque no les correspondemos a nadie, sino a nosotras mismas.
Desmitificar esa imagen de “la rival”, “la competencia”, “la otra”, como responsable de
nuestros males, ver en ella a otra mujer, igual que nosotras con inseguridades, sentimientos
y valores por los cuales no nos necesita de “enemiga”, sino como compañera.

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