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Nuestra matria chica

Por Lucrecia Fracchia
En Quilmes tenemos vacías las salitas, acceder a una interrupción legal del embarazo puede convertirse en una tortura, un acto criminal o un pase directo a la morgue policial. El Estado municipal no garantiza la más mínima condición de salubridad y el Poder Judicial hace oídos sordos frente a las denuncias por violencia de género:
denunciar violencia psicológica es un imposible, a las mujeres que intentan conseguir una restricción de acercamiento las hacen ir de la comisaría a la Fiscalía, de la Fiscalía al Juzgado de Familia, del Juzgado de Familia a la oficina de denuncias, de la oficina de denuncias a la comisaría y de la comisaría nuevamente al Poder Judicial. Después de este recorrido, que parece rápido al ser leído pero insume varias horas e incluso días, la mayoría se va sin siquiera haber podido formalizar la denuncia. Las pocas que consiguen una medida cautelar, no tienen mucha suerte en lo que resta: en la mayoría de los casos nadie notifica a los denunciados sobre la orden judicial, la mayoría de las causas van sin escalas al archivo y las que no se archivan acumulan polvo en la esquina de alguna oficina.
Por eso, frente al abandono y la desidia estatal tenemos un movimiento feminista que se organiza y construye lazos. Nos conocemos, sabemos a qué compañere llamar frente a un caso de violencia, frente al deseo de interrumpir un embarazo, frente a un abuso sexual.
En Quilmes desde hace tiempo venimos armando una enorme y fuerte red que nos contiene y agrupa. Venimos de diferentes partidos, sindicatos, organizaciones; no son estas diferencias una problemática sino un factor que nos distingue y enriquece; hay un objetivo común que nos convoca y tenemos en claro que nada es más efectivo contra los pactos machistas que los lazos feministas, porque construimos desde el amor, el entendimiento, la empatía y la sororidad. Estamos juntas y eso nos hace poderosas, y es importante que podamos profundizar: si todo sale bien, en Octubre nuestro municipio va a tener un importante y necesario cambio de gobierno. Pero no solo sacar a Martiniano tiene que ser la prioridad, tiene que haber una transformación real y feminista. Tenemos todo para sacar a los violentos y abusadores de los diferentes espacios de poder y decisión. No los necesitamos, no los queremos entre nosotres: cada espacio que ocupan ellos es un retroceso para el movimiento. No les demos la comodidad de nuestro silencio. Para este cumpleaños de las Combativas pido un deseo colectivo: que nuestra Matria chica sea un lugar seguro para las pibas, que no haya un solo macho más ocupando un cargo en nuestro ejecutivo ni sentado en una banca del legislativo municipal
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