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Nac&pop, democrática y feminista

 Por Debora Cabrera
Una madre soltera hace malabares con la billetera a fin de mes porque no le alcanza el sueldo para criar a sus hijos. Una señora es empleada doméstica y cuando vuelve tiene que limpiar su casa también porque no recibe ayuda de ningún miembro de la familia. Una mujer de un barrio en León Suarez muere por hacerse un aborto con el tallo de un perejil a días de la negativa del Senado para sancionar una ley que legalice el aborto. Una joven de dieciséis años es violada, empalada y asesinada en Mar del Plata; la Justicia decide exculpar a los tres hombres involucrados en su femicidio. ¿Deben ser tratadas estas cuestiones de manera inmediata o son luchas para después? ¿Forman parte estas problemáticas de la resistencia popular frente al canibalismo del sistema neoliberal imperante o le son funcionales para correr la atención de la debacle económica? Muchas son las preguntas que subyacen a una coyuntura social, política y económica que ya no puede eludir la perspectiva feminista para pensarse a sí misma.
El movimiento feminista es horizontal y transversal, en él confluyen diversos lineamientos y concepciones tanto políticos como partidarios. La columna vertebral común a cada uno es el ímpetu revolucionario y que propone cambiarlo todo. Debido a este imperativo de tirar por tierra todas las normas aprehendidas y aceptadas para cambiar el sistema de base, es que se puede decir que, por definición misma, es contrahegemónico. Así es que las luchas que el feminismo pone sobre la mesa son indispensables en una construcción política que busque alternativas populares y desee disputarle verdaderamente el poder a un gobierno que piensa la economía desde los números y no desde las personas.
Hoy en día el escenario nacional desde el que se toman las decisiones, pero también el de la región y del mundo, es producto del resurgimiento y recrudecimiento de sectores conservadores. Por lo tanto, frente a una economía que no acompaña a los que menos tienen y los excluye debido a que el GPS gubernamental va por un camino ortodoxo; cabe preguntarse si la discusión entre pañuelos verdes y celestes, si el pedido de justicia por un femicidio, si el reclamo por la paridad entre hombres y mujeres en espacios de poder, en fin, si todas las cuestiones que el feminismo sacó de abajo de la alfombra son urgentes. ¿Debería estar todo esto en la agenda pública cuando las ollas están vacías? ¿Es necesario pedir una ley por el aborto legal, seguro y gratuito cuando el Ministerio de Salud fue enterrado este año? Al respecto, leí varios análisis de medios y organizaciones con los que me encuentro alineada en mis ideas políticas, pero que considero hacen agua en estas cuestiones. Mi intención no es apuntar a nadie con el dedo acusador, sino que se generen espacios donde se pueda pensar constructivamente este tsunami feminista que nos empapó a todxs por igual. Estos sectores, con los que coincido en casi todo -menos en esto- plantean que en este contexto, todas las energías populares deben orientarse en frenar al gobierno de Macri y que las consignas feministas, a las que tildan de herencia burguesa y europea, no son urgentes. De esa forma desconocen los pies embarrados de lxs militantes feministas, la labor incansable de las periodistas que toman como propia cada historia de dolor para visibilizarla y la forma en que la teoría feminista está siendo repensada en el calor de estas latitudes para dar una respuesta latina a la complejidad regional. No necesitamos tutelaje de ninguna académica europea, leemos a las históricas pero los pies están puestos acá y es por eso que Argentina actualmente es exportadora de modelos de lucha feminista. Asumen que los medios de comunicación hegemónicos se hacen eco de estos debates para correr el foco de la situación económica. Postura que encierra cierta verdad , pero es miope con la capacidad de agencia de información y comunicación de las mujeres que tuvieron (y tienen) el mérito de que estas cuestiones sean colocadas en la agenda pública.
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 Puedo coincidir por completo con la idea de que es necesario no perder de vista todas las medidas que provocan severos daños en la calidad de vida de los habitantes del país. El aumento de la pobreza y del hambre es un problema que debe ser resuelto con premura, por supuesto. Ahora bien, no estoy de acuerdo con la idea de que todas las causas que se tiñen de verde y violeta, las causas que ponen a miles de mujeres en las calles a marchar, no se proponen cambiar el modelo económico.
Con los números de hoy en día, la pobreza tiene cara de mujer. Para combatir la desigualdad de raíz y hacerle frente a un capitalismo que es cada vez más salvaje, es necesario comprender que ésta tiene género y es el femenino. El ajuste, producto de medidas de libre mercado y del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, es más padecido por las mujeres. El acceso a la salud y a los derechos reproductivos, el acceso a la educación formal, el acceso a un empleo y a condiciones no precarizadas de trabajo, a ellas les cuesta más. La guillotina de este plan económico las afecta -nos afecta- de forma transversal.
Por lo tanto, cuando la mayor parte de las mujeres que mueren por abortos clandestino son pobres y según datos del Ministerio de Salud hay más de 40.000 hospitalizaciones por año producto de abortos realizados en condiciones de insalubridad, queda a la vista que este es un tema de salud pública. Medirlo en términos de enemistad entre pañuelos es banalizarlo. Además, es ignorar que el aborto fue debate en círculos feministas argentinos décadas atrás y que, luego de un gran esfuerzo, sale hoy a la luz para continuar la ampliación de derechos para las mujeres. Pelear para que la interrupción voluntaria del embarazo sea legal, es proteger a las que menos tienen y eso no le es funcional a ningún poder o corporación.
Con respecto al ámbito laboral, el desempleo es, según datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), mayor para la población femenina que para la masculina. También los números son desfavorables para las mujeres si desean acceder a un trabajo formal. El default les duele más a las féminas que a los señores de traje que lo generan. Cabe destacar, en consonancia con esto, que fueron las mujeres las primeras que organizaron un paro general de actividades en el gobierno de Mauricio Macri – no por nada la periodista Luciana Peker expresó ocurrentemente: “la CGT toma el té, las mujeres la calle”-. La mujer es una actora (no actriz) fundamental hoy en día del escenario político, social y económico. Sus reclamos deben ser tenidos en cuenta para poder tejer redes y generar alianzas contra el avance simbólico, cultural y económico de la derecha.
Asimismo, el presupuesto que se previó para el 2018, redujo de manera considerable el monto destinado a las políticas de género (entre otros, a los programas de asistencia y atención a quienes padecen violencia de género). Si una mujer muere en nuestro país cada treinta horas y el gobierno recorta presupuesto en las políticas creadas para combatir eso, no se puede negar que el ajuste le duele más a la platea femenina.
¿Se puede, entonces, considerar que las luchas feministas no tienen puntos en común con las luchas de los pueblos? ¿Se puede disociar al sistema capitalista del sistema patriarcal? La respuesta es no. Cualquier búsqueda política y partidaria de estrategias que pretendan combatir un sistema económico que es favorable para unos pocos, no puede dejar de lado estas problemáticas. Para ganarle la pulseada al neoliberalismo, las mujeres tienen que estar adentro. La agenda pública debe estar invadida por la perspectiva feminista. Es hoy que una mujer es asesinada o padece violencia de género o se quedó sin trabajo o no tiene acceso a una vida sexual y reproductiva planificada o necesita una clase de educación sexual integral en la escuela para detectar que está siendo abusada por alguien.
Si verdaderamente la intención es sacudir el sistema económico opresor, esta opresión no se puede pasar por alto, estas luchas son para ahora, no para después. No es aceptable pensar que hay opresiones más soportables que otras. Un proyecto que combate al capitalismo pero no al patriarcado no es efectivo porque no erradica la desigualdad completamente.
Es decir que, así como la idiosincrasia del feminismo debe ser una popular y que luche contra la desigualdad de clases entre las mujeres para que unas no estén sobre otras, un proyecto político que aspire a la igualdad y busque cambiar el rumbo económico en beneficio de las mayorías debe tener necesariamente en cuenta los derechos de la población femenina. Si el liberalismo económico es ley, el feminismo debe ser orden. Abrazar la causa feminista, es abrazar la causa humana.

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