Editoriales, Noticias

La fuerza de la Mocha, la fuerza del Amor❣😍

Por Miguel Nicolini

A propósito del séptimo ciclo lectivo de la Escuela Popular Travesti Trans Mocha Celis que inició el pasado 20 de marzo, tengo la necesidad de escribir y compartir estas líneas como une de sus docentes y militante por los DDHH. Si bien siempre he estado compartiendo con estudiantes, docentes y no docentes sobre el devinir político y pedagógico de la escuela, nunca me tome el tiempo de escribir y compartir con otres sobre algunos de los momentos que me han marcado y guiado en el camino para la construcción de una pedagogía de y para todxs, de una forma de hacer escuela poniendo verdaderamente el corazón. Esto es tan sólo uno de los testimonios de una escuela hecha por cientos de personas que trabajamos y aportamos día a día nuestro esfuerzo para  cambiar el rumbo de la historia.

No recuerdo específicamente el día exacto de diciembre del 2012 pero si la situación: estábamos tomando unos mates en el patio de la escuela junto a algunxs docentes y estudiantes, analizando lo que había sido el primer año de escuela cuando les estudiantes empezaron a contar que querían seguir una carrera cuando terminen la Mocha. Me acuerdo que une de elles quería estudiar radiología, otre abogacía, otre periodismo, hasta que une dijo “que loco no, antes no podía planificar que iba a hacer la próxima semana y ahora estoy pensando esto”. Recuerdo que aquel momento me atravesó el corazón y pude comprender realmente la fuerza de la educación. Esto me trasnporta automáticamente a otras experiencias que sucedieron en distintos tiempos: una quizás fue en octubre o noviembre de aquel primer año, cuando en una asamblea de la escuela les estudiantes junto a Diana Sacayán pidieron una instutición más “ordenada”; y la otra sucedió durante el año 2015 en donde les estudiantes conformaron el Primer Centro de Estudiantes de la Escuela con una agenda política concreta que iba desde clases de apoyo, pasando por el tiempo de los recreos, hasta cuestiones pedagógicas o la decisión de ir juntes como escuela a una marcha. Pienso en esos momentos, los cruzo, me acuerdo de la cantidad de agua que pasó entre uno y otro y comprendo no sólo la fuerza de la politica cuando es construida desde el amor sino también la fuerza de la paciencia y la perseverancia que deben contener todos los proceso educativos.

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Imagínense que entre estas dos situaciones que acabé de relatar pasó de todo. La escuela efectivamente se ordenó tal cual lo habían pedido les estudiantes pero con un aditivo muy distante de sus deseos: el llamado al orden fue mal interpretado por muches como el control de la participación política de les estudiantes. Aquellos años la comunidad educativa de la Mocha estuvo atravesada por  la discusión sobre la participación o no de les estudiantes en la vida política y pedagógica de la escuela, y en aquel momento pude  entender la fuerza destructiva que puede tener el egoísmo cuando escuché a varies integrantes de la comunidad educativa decir que les estudiantes no estaban preparades para hablar en paneles o participar de jornadas o en discusiones políticas. Pero por suerte la vida tiene esas vueltas hermosas que hacen historia y mantienen viva la memoria: una tarde de esos años de supuesto orden, un grupo de estudiantes logró construir su primer emprendimiento gastronómico, hecho que había sido fruto del esfuerzo de elles mismas acompañades por algunes docentes que, contra viento y marea,  promovíamos la participación y organización de les estudiantes. Me acuerdo que esa tarde estábamos junto a Marlene Wayar comiendo esas pizzas que no daban más de ricas cuando me dijo que todo este proceso estaba propuciendo un cambio real en las chicas.  Recuerdo ese momento, esa tarde compartida en la Mocha porque fue cuando entendí el poder real de la la transformación y la lucha.

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Podría seguir contando una infinidad de experincias que me han marcado el paso, aunque creo que estas son el fiel ejemplo de que cuando la educación y la política son hechas desde lo más profundo del corazón, se puede sortear el egoísmo y así transformar colectivamente nuestra historia. Siete años haciendo escuela y cientos de historias de transformaciónes como éstas es lo que mantiene viva la Mocha y con ella la lucha de la compañera Lohana Berkins. Es en este momento cuando realmente comprendo la fuerza de su obra cuyo motor fue, es y será el amor.

 

 

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